De Memorias de la Academia Mexicana de Genealogía y Heráldica, Segunda Epoca, Tomo III, Diciembre de 1965.

Por Antonio Nakayama A., Director del Museo y Biblioteca del Estado de Sinaloa.

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Memorias de la Academia Mexicana de Genealogía y Heráldica

Memorias de la Academia Mexicana de Genealogía y Heráldica

Uno de los patronímicos de más antigüedad y prosapia en Culiacán es el apellido Verdugo. Los registros parroquiales, que arrancan de 1690 y son los documentos más viejos en que palpita la vida de nuestra ciudad, nos muestran desde sus principios la existencia de los Verdugo. Pero como el Muy Magnífico señor don Nuño Beltrán de Guzmán fundó la villa de San Miguel de Culiacán en 1531, nos encontramos ante una laguna de ciento cincuenta y nueve años en la historia de nuestras familias a partir de esa fecha, y hasta la aparición del primer libro de la parroquia.

Por fortuna he encontrado otros documentos que dan luces sobre ese período del cual no hay constantes en el archivo parroquial, y que permiten ahondar en el origen del apellido Verdugo en esta muy noble, no leal y muy sucia ciudad de las mujeres hermosas, como son la “Relación de Culiacán” hecha en 1583 por el alcalde mayor Gaspar re Osorio, y una información ad-perpetuam levantada en esta misma ciudad el año de 1676 para probar el noble linaje y limpieza de sangre de doña María del Río y Chávez, hija del capitán Rodrigo del Rio de la Loza, gobernador que fue de la Nueva Vizcaya.

De estos documentos se desprende que los Primeros Verdugo aparecieron en Culiacán a mediados del Sίglo XVI, y su tronco fue Lázaro de Cebreros, soldado natural de la villa de Cebreros, que vino con Nuño de Guzmán y se quedó aquí como uno de los pobladores de la villa de San Miguel, “y fue capitán muchas vezes en la pazificazion desta prouincia, despues que se conquistó hasta el dia que murió”. Casado con Lucía Muñoz — la cual vivía todavía en 1583 — tuvo tres hijos llamados Domingo de Cebreros, Juan Pérez de Cebreros y Miguel de Cebreros. El primero de ellos tenía en repartimiento los poblados de Tedariacato y Comanito, y era corregidor de los de Mezcaltitlan y El Vizcayno. Juan Pérez de Cebreros, del que no tenemos constancia si era casado, era corregidor de Hulaucrito, y entre otras, ocupó la alcaldía mayor de San Felipe y Santiago de Sinaloa. En cuanto a Miguel de Cebreros, tenía los corregimientos de Oguani y Xifa, y era quien sostenía a Lucía Muñoz en su viudez.

En un viaje que hizo Domingo de Cebreros a la ciudad de México, conoció a doña Gracia de Chávez y Verdugo, quien “era del tronco del linaje de los Verdugo y que era su padre de la ciudad de Trujillo en la Extremadura”, conocimiento que terminó en un matrimonio “in facie ecclesiae”. La doncella debe haberse enamorado del hijo de Lazáro de Cebreros, pues no le importó dejar las comodidades de la gran ciudad para ir a vivir a un lugar tan remoto como era la villa de San Miguel de Culiacán, cuyos habitantes andaban todavía “en el traje y primer vestido que metieron allí Nuño de Guzmán y los suyos” ni se “curaban de nuevas ni de saber si” había “guerra o paz en el mundo”.

En 1948, cuando escribí por primera vez sobre los Verdugo, no pude dilucidar quienes eran los progenitores de doña Gracia, pero poco tiempo después esclarecí que su padre era Francisco de Coria Maldonado, quien vino con Cortés y asistió a la toma de Tenochtitlan, para después enrolarse en el ejército de Nuño de Guzmán tomando parte en la conquista del noroccidente. Coria era natural de Alcalá de Guadayra, e hijo de Alonso de Coria y Leonor Rodríguez, vecinos de Sevilla. Su mujer Isabel de Chávez, era hija de Hernando de Chávez, así que el linaje trujillense de doña Gracia le venía por la parte materna. La dama, siguiendo la costumbre de la época de adoptar sus apellidos, escogió en primer lugar el de la madre, y como segundo, el de Verdugo, que es lógico suponer haya pertenecido a cualquiera de las dos familias. Además, doña Gracia estaba emparentada con el presidente de la Real Audiencia de Guadalajara don Antonio de Ulloa y Chávez, y con un Oidor de la misma, apellidado Chávez, parentescos estos que mucho enorgullecieron a sus descendientes.

La pareja formada por Domingo de Cebreros y doña Gracia procreó a Lázaro Verdugo y Chávez, — a quien por la larga sucesión de personas que llevaron ese nombre en la familia denominaremos Lázaro Verdugo y Chávez I — y al doña Cecilia Chávez y Verdugo, la que por el matrimonio que hizo habría de dar más lustre a la larga cauda de descendientes de sus padres.

Las expediciones que pasaron por San Miguel de Culiacán trajeron mucha gente que se quedó en estos rumbos, o que bien por lo menos vivieron durante algún tiempo en la villa. Entre ellas podemos citar a Hernando Arias de Saavedra, “natural de Sevilla, que estuvo en Culiacán para proueer a gente armada que abía llevado Francisco Vázquez (Coronado) a la tierra Nueva”. Hernandarias, cuñado del conde de Castellar y emparentado con don Luis de Monsalve, Gobernador y Capitán General de la Nueva Vizcaya, había estado con Cortes en la expedición a la California y fungió como alcalde mayor de Culiacán. Casado con una dama llamada Catalina Carlos de Godoy, una de sus hijas desposó con el capitán Francisco de Siqueiros, vecino de Culiacán. Uno de sus cuñados de nombre Juan Carlos de Godoy, contrajo matrimonio con doña Cecilia de Chávez y Verdugo, y de esta unión nacieron dos hijas, una que fue bautizada con el nombre de Isabel, y la otra con el de Francisca, apellidándose ambas de Chavez y Verdugo.

La primera de ellas casó con el capitán Francisco de Bustamante, quien fue alcalde mayor de la villa de San Felipe y Santiago de Sinaloa, y de Guanaceví, y por lo que respecta a doña Francisca, prendose de ella don Rodrigo del Rio de la Loza, el aguerrido soldado que vino con Francisco de Ibarra, y que andando los años sería gobernador de la Nueva Vizcaya y uno de los más acaudalados ganaderos de toda la Nueva España. Habiendo contraído matrimonio en Culiacán, don Rodrigo y doña Francisca se fueron a la villa de Sinaloa donde “procrearon por su hija legítima” a “doña María del Rio y Chávez”… “y doña Josefa y doña Cecilia sus hijas también legítimas” y al “capitán don Juan del Rio”… “temor de los enemigos en aquel reino (la Nueva Vizcaya) por la experiencia que de su valor han tenido en cuatro años que corrió toda la tierra con número de hombres”. Hago la aclaración que doña Josefa y doña Cecilia llevaron el apellido del Rio Chávez.

Lázaro Verdugo y Chávez desempeñó el cargo de alcalde mayor de Culiacán, y cuando la rebelión de los tepehuanes fue enviado por el Cabildo con un grueso de tropa para auxiliar a los españoles de Cariatapa y Santiago de los Caballeros, “y fue y hizo dicho socorro como lo prometió”. Además, por herencia de sus padres fue encomendero de Danacato y Comanito, y desempeñó el puesto de corregidor de Naboato, Navito, Humaya Y Mojolo, y uno de sus primos llamado Bernabé Pérez, indudablemente hijo de Juan Pérez de Cebreros, estuvo al frente de la alcaldía mayor del Real de las Vírgenes.

Desgraciadamente, los documentos consultados no dan el nombre de la esposa de Lázaro Verdugo y Chávez I, pero sabemos que sus hijos legítimos Francisco López Verdugo y Lázaro Verdugo y Chávez II sacaban “el día y víspera de San Miguel, el Pendón Real”, en la villa de Culiacán, y que además, otro de sus hijos llamado Domingo de Cebreros Verdugo fue soldado durante más de treinta años en la Provincia de Sinaloa, alcanzando los grados de Sargento Alférez y Ayudante. Debe haber sido hombre valiente y capaz, pues una ocasión fue enviado a pacificar a los Seris y los “puso en obediencia de su Magestad”. Otra vez, fue con un trozo de soldados que llevó a su cargo para la guerra que se hacía contra la nación que llaman Tobosos… y no perdió hombre y volvió dando muy buena cuenta”. Para terminar con las hazañas de este Domingo de Cebreros Verdugo, hay que decir que también fue enviado a la California “a aguardar las naos de Filipinas, a convoiarlas por el recelo de que el enemigo no les saliese, que se decía andaba por aquellas partes”

Las aficiones donjuanescas de Lázaro Verdugo y Chávez I, le dieron un hijo bastardo que se llamó Blas Verdugo, a quien la ilegitimidad de su origen no le impidió llegar a caudillo del Fuerte de Montes Claros, y quien sin duda fue el tronco de los Verdugo en El Fuerte. Posteriormente el apellido apareció en Sonora, pues en la parroquia de Alamos constan los bautismos efectuados en 1686 y 1688 de unos hijos de Melchor Verdugo, a quien supongo hijo de Blas. La mujer de Melchor se llamaba Isabela de Bojórquez, apellido éste de los más próceres en la villa de Sinaloa, que está cercana a la de El Fuerte, por lo que casi puede asegurarse que este Verdugo no procedía de Culiacán, sino que salió del lugar donde Blas había echado raíces. De la rama de El Fuerte proceden los Verdugo que existen en California, E. U. A., ya que uno de sus miembros pasó a esa región acompañando al capitán Rivera y Moncada.

De Lázaro Verdugo y Chávez II sabemos que su esposa se llamaba Antonia Rangel. Entre el gran número de hijos que procreó se encuentra Lázaro Verdugo y Chávez III, pero infortunadamente la falta de registros parroquiales anteriores a 1690 no permite efectuar una investigación acerca de toda su prole. Por ejemplo, tenemos al Pbro. Lic. don Felipe Verdugo y Chávez, quien fue cura de Culiacán, y que a todas luces debe haber sido su hijo. Don Felipe falleció en Culiacán el año de 1744 pero por mala suerte, en su acta de entierro no aparecen ni su edad ni los nombres de sus progenitores, pero atando cabos se llega a la conclusión de que su padre debe haber sido Lázaro Verdugo y Chávez II.

En el mismo caso se encuentra don Nicolás Verdugo y Chávez, quien a finales del siglo XVII aparece casado con doña Josefa del Castillo y Cabanillas. Es muy presumible que haya sido hijo de Lázaro II y de doña Antonia Rangel, pero la falta de documentación no permite comprobarlo. A esta rama de los Verdugo se enlazó la familia Quiroz y Mora, que después emigró a Sonora bajo la sombra tutelar del Br. Pbro. Juan Nicolás de Quiroz y Mora, paraemparentar con las familias patricias de aquella región.

Lázaro II fue un poco andariego, pues vagabundeó por tierras sonorenses durante algún tiempo. Fue alcalde mayor de la provincia de Sonora de 1680 a 1681, y de 1689 a 1690, y cuando regresó a Culiacán trajo el grado de general. Se ignora cuál era su edad cuando engendró a Lázaro Verdugo y Chávez III, pero los registros parroquiales manifiestan que en la segunda década del siglo XVIII continuaba prolongando la estirpe de los Verdugo al unísono con Lázaro III. Los asientos parroquiales los diferencián de una curiosa manera: a Lázaro II le llaman “El general”, y a Lázaro III “El alférez”, o bien, Lázaro Verdugo y Chávez “El viejo”, y Lázaro Verdugo y Chávez “El mozo”. Ignoro la fecha en que Lázaro I haya pasado a mejor vida’ pues el acta de entierro que existe, que es de 1740, es probable que el acta de entiero que existe, que es de 1740, es probable que sea la de Lázaro III.

Lázaro Verdugo y Chávez III, casado con doña Nicolasa de las Heras Manríquez, tuvo entre otros hijos uno llamado Pedro, que debe haber nacido entre 1710 y 1711 ya que su acta de defunciÓn fechada el 10 de diciembre de 1767, dice que murió como de unos cincuenta y seis años. Casado con doña Francisca de Iturríos, éste don Pedro de Verdugo y Chávez debe haber sido todo un señor de gran prominencia social y económica en el pequeño mundo de Culiacán. En su última enfermedad lo asistieron tres sacerdotes hasta el momento en que expiró, habiéndosele sepultado con cruz alta y toda la pompa que su posición permitía. Uno de sus vástagos fue el Lic. Pablo Verdugo y Chávez, quien tuvo una larga descendencia pues en 1793 contaba con ocho hijos de los cuales cinco eran varones. De ellos, uno llamado Pedro abrazó el estado eclesiástico, fue Canónigo de la Catedral Metropolitana y Senador de la República.

La gran repetición de los nombres entre los miembros de las familias culiacanenses de los siglos XVII y XVIII, hace que el investigador caiga en confusiones que son de mucha trascendencia en el estudio de sus genealogías. Por ejemplo, tenemos el caso de la señora doña Loreto Verdugo y Chávez, quien casó con don Francisco de la Vega, hijo de don Baltasar de la Vega y doña Ana Irene de la Puente y Villegas. Se creía que doña Loreto era hija del Pedro Verdugo a quien se hace referencia arriba, pero no es así, sino que fue uno de los frutos del matrimonio de don Pedro Verdugo y Chávez y de doña Bárbara López de Siqueiros. Este otro don Pedro era hijo de don Nicolás Verdugo y Chávez y doña Josefa del Castillo y Cabanillas, y doña Bárbara, descendiente del capitán Melchor López de Siqueiros, vecino de Culiacán y contemporáneo de Lázaro Verdugo y Chávez I.

La vida conyugal de doña Loreto no fue muy feliz porque su esposo acostumbraba zurrarle, y de entretenerse con sus clavas, hasta que un dia la abandonÓ yéndose a vivir a otro lugar. De esta unión surgió una familia que hizo sonar muy fuerte su nombre en Sinaloa.

Cabe hacer notar que doña Loreto y don Francisco eran parientes en cuarto grado por consanguinidad. Es de creer que se entroncaran por la parte de doña Ana Irene, pues aunque si bien es cierto que ni esta ni don Baltasar eran originarios de Culiacán, es más factible que alguno de los ancestros de la señora haya enlazado con los Verdugo y Chávez o los López de Siqueiros.

Todo lo anterior nos habla de que los Verdugo fueron gente que jugó un importantísimo papel en la vida de la región. Entre ellos hubo hombres que tomaron parte muy activa en la historia de Sinaloa, como don Pomposo Verdugo, quien fue diputado, senador y gobernador del Estado, o bien que destacaron en otros campos como el Lic. Agustín Verdugo — hijo de don Pomposo — que se distinguió como jurisconsulto y gran orador.

Siendo la familia más poderosa de la villa, era natural que las demás buscaran la unión con ella, y así, como lianas a un árbol añoso y corpulento se le fueron adhiriendo todas aquellas que formaban el núcleo de la sangre azul culiacanense.

Por el matrimonio de don José María Almada y doña Isabel Quiroz y Campoy, los Almada de Alamos emparentaron con los Verdugo, ya que la abuela de esta dama fue doña Ana María de Verdugo y Chávez, hija de don José Verdugo y Chávez y Petra Regalado Beltrán, y su bisabuela doña Isabel de Verdugo y Chávez, casada con don Juan Nicolás de Quiroz y Mora, y cuyos padres fueron don Nicolás Verdugo y Chávez y doña Josefa del Castillo Cabanillas.

En virtud del enlace con la familia de la Vega, están ligadas a los Verdugo las familias García Granados, Redo, Castaños, Rojo de la Vega, Roncal y otras más, entre las que se encuentra la del actual presidente de la República licenciado Adolfo López Mateos en virtud del enlace del Lic. don Perfecto Mateos con doña Guadalupe de la Vega.

Hasta aquí, minimizada, la historia del origen de la familia Verdugo, la que con la Cebreros, forma la pareja de familias más antiguas de Sinaloa y forman parte de las más antañonas del país, lo cual les presta gran importancia e interés, pues como me decía en una ocasión mi distinguido amigo el culto historiador don Atanasio G. Saravia, no es muy común encontrar en América familias que se arranquen directamente desde el siglo XVI.

El P. Tello nos dejó la nómina de los pobladores de la villa de San Miguel, y en ella, al lado de los nombres de don Pedro de Tovar, Castañeda de Nájera, Diego López y otros más, aparece el de Lázaro de Cebreros. Para 1583, vivían en Culiacán unos cuantos descendientes de los conquistadores y un gran número de nuevos pobladores sin significación económica y social. En este conglomerado, únicamente sobresalían un hijo de don Pedro de Tovar, y los vástagos de Lázaro de Cebreros.

En la segunda mitad del siglo XVII empiezan a sonar los nuevos apellidos: Fernández Rojo, del Castillo y Cabanillas, Alvarez de la Bandera, Iturríos, Amarillas, Palazuelos y varios otros, y en las primeras décadas del XVIII aparecen los Espinoza de los Monteros, Urrea, Alcayde, Zayas, Zazueta, Agramont, Montes Vidal, etc., y más tarde, Mendazona, de la Vega, Gómez de la Herrán, Díez de Martínez, Tellaeche y otros, pero dominando el escenario, los Verdugo, los que a la postre tendrían que ceder la preponderancia a los de la Vega.

En la época colonial, los segundones no tenían muchas oportunidades. Como fundadores de las ramas pobres de la familia, algunos se quedaron en la ciudad, pero otros pusieron sus ojos en el campo, donde el vientre fecundo de la tierra daba los frutos necesarios para mantener a las nuevas generaciones de Verdugo, y así vemos que hoy en dia en la zona costanera del municipio de Culiacán, el apellido ha proliferado grandemente.

Hacer una historia de la familia Verdugo, así sea solamente de la rama más destacada, requiere una acuciosa labor de investigación, por eso, el presente trabajo se ha reducido a dar a conocer el origen del apellido. De las familias derivadas de los hermanos de Domingo de Cebreros, y de las de los otros hijos de Lázaro Verdugo y Chávez I, es imposible hacer un trazo directo en virtud de la falta de libros parroquiales, y solamente a partir de 1690 es posible sacar la sucesión de los apellidos Cebreros, Verdugo y Cebreros y López Verdugo.

Las fallas que se notan en este trabajo son el resultado de que mi especialización ha sido la historia y no la genealogía, aunque esta última siempre me ha interesado como un auxiliar de la primera, pero confieso sinceramente que es tan fascinante escarbar hasta encontrar el origen de una familia, como buscar la verdad de los hechos históricos. Por esto, me he hecho el propósito de reconstruir el árbol genealógico de la familia Verdugo — por lo menos en lo que se refiere a su presencia en Culiacán — ya que sin lugar a dudas es la más interesante de todas las que integraron nuestra ciudad, por arrancarse desde el 29 de septiembre de 1531 en que el Muy Magnífico Señor don Nuño Beltrán de Guzmán fundara la villa de San Miguel.

San Miguel de Culiacán, 20 de enero de 1963

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